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miércoles, 3 de mayo de 2017

Cómo estrellar tu dron en tres fáciles lecciones

En su última visita, los Reyes Magos trajeron para mí en uno de sus camellos uno de esos extraños artilugios que han dado en llamar "drones", palabreja inglesa para denominar a los zánganos, supongo que por el zumbido con que acompañan sus revoloteos. Vamos, digo yo...

El caso es que mi nuevo juguetillo y yo hemos protagonizado últimamente algunas absurdas aventuras, algo que, en mi caso, tampoco es de extrañar. Cierto que he sido yo la responsable, que el pobre bicho ni piensa ni siente (espero). Y digo que espero, porque de estar dotado de raciocinio habrá concluido que soy mema (y no es que ande muy desencaminado) y de tener la capacidad de sentir le dolerá casi todo, pobre...

Tengo que reconocer que muchas veces tengo una excesiva confianza en mis capacidades, porque cuando escribí la carta a Sus Majestades pidiéndoles el artilugio de marras, tenía en mente algunas escenas del "remake" de "Poltergeist", donde el niño, que se llama Griffin o algo así, maneja su navecilla con la ayuda de un "ipad" como si fuera lo más sencillo del mundo y lo lanza a otra dimensión, a ver si encuentra a su hermanita que anda, la pobre, más despistada que un pulpo en un garaje sin saber muy bien por qué hay tanta porquería en su armario (pues anda, que si viera el mío...).

Yo, la verdad, no contaba con entrar con mi dron en eso que Lukiánenko llama, en su saga de los guardianes, el "crepúsculo", más que nada porque me da mogollón de yuyu, lo que me interesaba era darme unos voltios por ahí y grabar algunas vistas aéreas la mar de monas, como hacen los que salen en los informativos, que suben a las más altas cumbres y proporcionan pruebas gráficas de cómo mamá Águila alimenta a sus polluelos o filman los relieves más abruptos para que luego llegue una impresora en 3D (cacharrillo que tampoco me importaría tener) y nos haga maquetitas bien remonas. Vamos, lo normal...

Pero me pasó como siempre: que la realidad se parece poco o nada a lo que yo, ilusa, creía que podría hacer. Y es que, la primera en la frente, depende de las "prestaciones" de tu dron, puedes volarlo en unos sitios o en otros, en unas alturas vertiginosas o más o menos un poco más arriba de tus rodillas. Así que, antes de nada, te tienes que informar de dónde puedes hacer el panoli con tu aeronave, que viene a ser, maomeno, dentro de tu casa o en un descampado a tropecientos kilómetros de cualquier emplazamiento con visos de estar habitado.

Cierto es que los drones a los que tienen acceso Melchor, Gaspar y Baltasar no suelen estar, por lo general, preparados para volar muy alto ni durante mucho rato, aunque una compañera ya me comentó que unos amigos perdieron el suyo en medio del campo, porque mucho gps y demás, pero ningún avance tecnológico te ayuda cuando el trasto se esmorruña en medio de un trigal.

Después de aprender la altura que no podía superar (ni aunque lo intentara, vamos), el rato que el amigo podía estar en el aire (no más de media hora y eso con un vuelo de poco consumo, vamos, sin vientecillos, cambios bruscos de velocidad y demás zarandajas) y que el pobre no puede, con gran alivio para mí, ser considerado en ningún país democrático un aparato espía, yo pensaba que la cosa sería coser y cantar. Ja...

Porque no sabes la cantidad de energía que necesitas para elevar en el aire una cosa que debe pesar unos diecisiete gramos hasta que abres el mando a distancia y te encuentras con que necesita unas doscientas pilas, además de la batería, claro... Vamos, que tienes que firmar un convenio con Tudor antes de siquiera empezar a pensar en ponerte a jugar. Menudencias, me diréis. Una gaita gallega, digo yo...

Total, que cómprate mil pilas, carga la batería (que tiene su guasa, porque la clavija es de lo más rarito y engancharla al cargador una chufla, que mi primera carga resultó inútil y es que la había enchufado mal, yo soy así de hábil) y luego líate la manta a la cabeza, que la cosa ya no tiene vuelta atrás...

Como si fuera tan fácil. En serio ¿habéis probado a poner en marcha un dron? En la tele aparece la gente, tan tranquila, dándole a los mandos la mar de feliz, pero nunca ves la escena previa, la de sincronizar todas las cosas... Porque yo cogí el juguete, el mando y el manual de instrucciones y me entraron ganas de sentarme a llorar mi torpeza... o buscar las explicaciones en chino, que seguro estaban más claras, que el mando de las narices tiene cincuenta mil palanquitas y botoncitos  y el gráfico explicativo con numeritos y descripciones de las funciones es un horror con acompañamiento de arpa: palanquitas para la altura, la dirección y el gps; botones de arriba y abajo para sincronizar; botones de "on" y "off" para vete tú a saber qué, más el del encendido... en total unos ¡once! números y tú ahí, con cara de mema, mirando el dibujo y el texto y sin saber qué hacer.

Vamos, que no tiras todo al váter entre gruñidos y denuestos porque no te vas a dejar derrotar por una máquina que sabe manejar cualquier friki en las películas y te pones al lío... y entonces empiezan a encenderse luces por todas partes, rojas, verdes y te crees que, mientras estabas despistada con las instrucciones te ha entrado en casa la policía, la benemérita y protección civil y tú no llevas encima el carnet de conducir, pero el manual dice que tienes que mover el mando hasta que suene un pitido y toda esa discoteca se quede fija...

Horas después aquello sigue parpadeando como loco y decides que, casi mejor, como dicen los informáticos, apagas y vuelves a encender, que seguro que algo consigues... De coña, suena el pitido de marras, las luces se quedan fijas y tú te crees que ya está y puedes salir zumbando...

Pues no, el pitidillo, lo que te está diciendo que que dron y mando se han conocido y han decidido colaborar, nada más. Ahora tienes que sincronizar ambos, para poder subir, bajar, girar y bailar sevillanas... todo lo cual requiere apretar diversos botoncillos, mover el trasto, mover el mando y confiar en que, en algún momento, salte la chispa entre los dos y se pongan de acuerdo.

¿Y por qué porras no se acoplan? Pues porque se te olvidó mover la palanquita del gps y la geolocalización está interfiriendo  con el resto. Hala, desactiva el gps, apágalo todo, vuelve a encenderlo, a mover los trastos para que se vuelvan a encontrar, mientras confías en que a nadie en los alrededores se le ocurra cambiar el canal de su tele, no vaya a ser que eso también interfiera y se vaya todo otra vez a la porra. Sintonizado. Ahora a sincronizar la rotación, la altitud y demás. Ahora enciende otra vez el gps, que cuando se te caiga en una charca de poco te va a servir, pero hay que encenderlo...

Y no te lo pierdas, que ahora toca ¡grabar todo eso para que ambas partes se lo aprendan y no te dejen en mal lugar! Pues vale, grabamos. Ahora, en teoría, tu sputnik está listo para la conquista del espacio. Ya sólo tienes que aprender cómo demonios despegar...

... Que según las instrucciones es facilísimo, únicamente tienes que poner las palanquitas "asín" como al bies y hala, como Ícaro huyendo de Creta...

... Exactamente, aquello sale disparado en la dirección que menos te esperas y que no es, por fortuna, tu cara, como te temías, pero sí la pared, donde se estrella y cae, pobrecito, al suelo entre estertores. Ahora entiendes por qué la caja traía cuatro o cinco palas de hélice de repuesto. Pero ni ahí se da por vencido, zumba, con hipos asmáticos y tienes que buscar las instrucciones, que se te han  caído al suelo, del susto, para enterarte de cómo se para, porque a ver quién lo coge con la mano.

Conclusión: la advertencia "volar únicamente en espacios abiertos" que aparece en la caja tiene su fundamento y no son ganas de fastidiar. Te tienes que ir, con todos los artilugios, a un descampado (y volver, al menos, una vez, porque te has dejado las instrucciones, por supuesto).

Todo listo, estás en las Chimbambas, no hay ningún cable a la vista, ni gente, ni casas, sólo tú y tu dron, tu mando, tus instrucciones y tus santas narices, porque has decidido que no paras hasta que lo consigas...

Entonces empieza la segunda tanda de denuestos porque, cuando lo enciendes para salir, por fin, rumbo al infinito y más allá, ¡la nave comercial Nostromo se ha desconfigurado! ¡Sí! ¡Tienes que volver a repetir todos los pasos que te ha llevado siglo y medio dar! Menos mal que tuviste el acierto de llevarte las instrucciones, porque ya ni te acuerdas.

Bien dicen que la experiencia lo es todo, sólo tardas una media hora en llegar a la misma situación que antes, pero ahora, escarmentada, no lo despegas a todo gas, sino despacito, con cuidado, vamos, que si hubieras manejado tú el Apolo XI todavía estaba en Cabo Cañaveral y tú dando pedales...

Y entonces se produce el milagro... ¡el dron vuela! Al menos hacia arriba, que lo de moverlo horizontalmente es harina de otro costal y no sabes cuándo va hacia la derecha y cuándo hacia la izquierda, porque como es cuadrado y con hélices en las esquinas, no sabes cuál es la parte delantera y cuál la trasera y le das para un lado y va para el otro... hacia donde está el árbol, por supuesto y tú ahí, dándole a la palanquita y diciendo "¡aaaaaaaaaaaaah! ¡por ahí noooooooooooo!". Menos mal que sigue sin verte nadie, porque menudo papelón...

Consigues, sin saber muy bien cómo, esquivar el árbol malvado y te quedas ahí, con cara de idiota, intentando sortear ese inoportuno vientecillo que se ha levantado, sí, ese que a veces hace que tu avión se desvíe no sé cuántos kilómetros de tu destino y luego la aproximación al aeropuerto sea una plasta que te pasas, resulta que también se lleva tu juguetuelo donde no quieres y si corriges el rumbo con mucha brusquedad te vas a tomar por saco casi sin darte cuenta...

Sin darte cuenta... eso es, sin darte cuenta... te has quedado sin batería, snif... Y menos mal que te olvidaste de sincronizar el móvil con la cámara, que si no te habrías quedado también sin datos, no hay mal que por bien no venga. Eso sí, te lo has pasado pirata, aunque lo niegues. Ahora toca apagarlo (¿cómo demonios se hacía?), recogerlo todo (¿dónde han ido a parar las instrucciones? ¿Qué es ese papelajo que se lleva el viento? ¡Aaaaaaaaaaaaah!) y emprender el camino de regreso, con un trote cansino, porque estás en el quinto pimiento y con los riñones al jerez de tanto agacharte a recogerlo del suelo.

Vamos, que volar tu dron mola, mola que te pasas y más todavía, pero los prolegómenos... eso sí que es un estrés y un sinvivir.

9 comentarios:

  1. Jajajaja, buena definición de los primeros dos dias de uso! Pero es pilotar un drone es cosa de varios días y mucho entrenamiento, y en cuanto hagas las conexiones un par de veces estarás muy contenta de haberlo comprado. Además, como solemos decir, es un incentivo para cualquier persona para adentrarse en el mundo de la electrónica. Te animamos a que conozcas nuestra web https://www.factorhobby.com si necesitas recambios, pilas, o si quieres cambiar de modelo de drone. Saludos!!

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    1. ¡Muchas gracias por vuestras palabras de ánimo y vuestra oferta de ayuda! Contaré con vosotros...

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    2. Hace mucho que no reía tanto!!!! Y yo que pensaba eegalarle uno a mi sobrino!!!! Jajajajaja

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    3. Regálaselo, seguro que es mucho más hábil que yo en el manejo y además, es divertidísimo...

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  2. Mi hija tiene uno de esos "endemoniados" drones,no nos quieras ver a su padre, a su tio , al abuelo... Todos pendientes de donde caía, como y de que manera. Un estrés como tu dices, menos mal que nosotros fuimos en comandita a volarlo y de lo malo en medio, fue la cosa repartida. La próxima vez ya sabes... Bss

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    1. Tengo muchos interesados en participar en tamaña estupidez, pero quise hacerlo yo sola la primera vez, por si me lo cargaba y esas cosas, que una tiene su orgullo... por los suelos, pero lo tiene...

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  3. Jajaja, que manera de reir!!! Ya sé que aparato no pedirle a los reyes. No, en serio, cuando aprendas bien a manejarlo nos das unas clases teórico-prácticas, eso sí, al cubierto de los toldos y con unas latas de cerveza en la mano por si hay que defenderse.

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    1. Cuenta con ello, espero aprender a hacer hasta acrobacias... Me alegro de que te rías, yo me escacharraba sola...

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  4. !Bravo, campeona¡ Yo me habría rendido en unos cinco segundos, justo después de desprecintar la caja. Espero que sigas disfrutando de él. Beso

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