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martes, 18 de noviembre de 2014

¿Seo... de Zaragoza?

Resulta que estaba yo tan feliz, dedicada a una de mis aficiones que es, como bien sabéis, no parar de hablar ni debajo del agua, bien sea de tú a tú o por las redes sociales, cuando mi amigo Ignacio me comenta, bastante disgustado, que ahora hay una cosa que se llama "seo" (o algo parecido) y que viene a ser, más o menos, que si nuestros buscadores favoritos te la etiquetan, tú ya no molas, ni nada y los internautas se alejan de ti, no vaya a ser que les pegues la "seoez" y nadie les quiera y sufran grandemente, snif.

Como bien podéis imaginar, de primeras no entendí absolutamente nada, porque la única seo que conozco es la de Zaragoza, donde alguna vez voy a ver la capilla de Santo Dominguito del Val, que es el patrono de los infanticos del Pilar. Además, yo no tengo publicidad en mi blog, que bastante rabia me da encontrármela en la tele, para pringar con anuncios esta paginita tan blanca y remona, que ni fotos tengo, salvo la de cabecera. Y ya puestos, tampoco recomiendo las páginas de otros, ni pongo links a nada, que el único propósito de esto es dar salida a mi incontenible verborrea sin que nadie me suelte "pero... ¡cállate de una vez, so plasta!", pues me quedé tan pichi, pensando que aunque no me había enterado cosa, por otra parte, bastante habitual, seguro que todo el rollo de los seos y requeteseos positivos, negativos y/o neutros no tenía nada que ver conmigo. Ilusa, más snif.

Porque dado lo que una ve últimamente por ahí resulta que, para asomarse a la web, hay que rellenar una instancia por triplicado, entregarla en la pertinente ventanilla, ignoro dónde, acompañada de una póliza de vete tú a saber cuánto (cuatrocientos pavos mínimo), un certificado de penales y una declaración jurada por la que te comprometes a no decir palabras sucias, ni hacer comentarios poco caritativos sobre la gente que te cae mal o incluso sobre la que te cae bien y te deja, ni cantar canciones guarras, so pena, como decían los documentos medievales, de que te pongan un maligno cacharrillo que yo me imagino como una pegatina con una carita triste, porque has sido muy remalísima y tus padres te van a echar la bronca cuando llegues a casa...

Para colmo, no puedes decir, como antiguamente, que la seño te tiene manía, porque nadie tiene muy claro quién es exactamente la seño y casi mejor ni saberlo, porque muchas veces, cuando me asomo a la Red, pienso que detrás de ese Gran Hermano que todo lo ve, aunque no deba, lo oye, aunque lo malinterprete y lo hace botar y rebotar por los repetidores del mundo mundial, se quedará, al final, como Oz, el Grande y Poderoso en la peli antigua, de Judy Garland, que era un tío bajito y regordete escondido detrás de una cortina. Así que, quién sabe, lo mismo esa autoridad que califica como malo, remalo y requetemalo porque dices cosas tan terribles como "caca" o "culo" es la loca esa que en el colegio pasaba el mocho justo cuando tocaba subir a clase y encima mugía, porque le pisabas lo mojado...

En fin, que si algún día, cuando intentéis entrar en el blog os sale un cartel que diga "Está a punto de entrar a un blog con contenidos gravemente perniciosos para su salud mental" o "Aquí no va a encontrar usted más que chorradas", "La autora muge" o, incluso "Tonto el que lo lea", espero que eso no os desanime de seguir leyéndome, porque a mí, desde luego, no me va a impedir seguir diciendo todas las estupideces que se me ocurran que, como bien sabéis, no pasan de ser una interpretación miope y bastante lela de la realidad (espero) que me rodea.

Tened por seguro que yo haré lo mismo con vuestros queridos textos y me importará un rábano si ponéis palabrotas, vuestras opiniones no son políticamente correctas, los links que recomendáis conducen a páginas redactadas por bizcos o si os sacáis un moco mientras escribís.

Que, tócate las narices, vamos a tener que acabar escribiendo nuestras historias en octavillas y repartiéndolas por las noches de puerta en puerta, porque seguir todas las normas que cada diez segundos se actualizan en la Red es, no me lo neguéis, un estrés y un sinvivir.