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miércoles, 25 de abril de 2012

Señal de borrica florentina

A ver, los de ahí detrás, que no me he olvidado de vosotros. Después del panegírico que os hice en mi última entrada, no iba a ser tan "coparde" como para desaparecer de estos mundos cibernéticos en busca de verdes pastos. Seguro que creíais que me había dado un "penterre" y los sesos se me habían hecho definitivamente agua y me había dado por andar sin rumbo fijo por las calles, canturreando tonterías, que es algo que me encanta y sólo puedo hacer en casa o en el coche, camino del curro.
La causa de mi silencio es mucho más prosaica: resulta que "blogspot" ha cambiado la interfaz del blog, con esa bienintencionada costumbre tan en boga últimamente en la "güés", de poner todo más mono y no sabía ni por dónde entrar. Ahora mismo tengo serias dudas de poder publicar la entrada porque ¡no encuentro el botón! El escritorio, tan mono como yo lo tenía, se ha convertido en un arcano para mí y creo que me llevará varios decenios descubrir todos sus secretos. Odio las mejoras, las versiones punto uno y la madre que las parió a todas...
Pero bueno, al menos he dado con el cuadradito donde se escribe aunque, por mor de los duendes informáticos, no me cabe en la pantalla y estoy escribiendo medio a ciegas. Vamos, que creo que la de hoy va a ser una entrada digna de figurar en los anales, porque la estoy tecleando en un acto de "por mis puros huevos que lo consigo", actitud que, ya lo sé, no va a llevarme muy lejos (snif).
Entonces os diréis "y esta lela ¿por qué habla en el título de borricas? ¿Se refiere, acaso, a ella misma?". Pues no. Es que hoy estoy muy contenta porque he conseguido desentrañar uno de esos enigmas que, generación tras generación, traen a las familias de cabeza y lastran a los más jóvenes, que acaban prematuramente encanecidos y musitando extraños mantras (jodó, lo bien que me ha quedado).
Uno de esos mantras es, precisamente, el que da título a la tontuna de hoy. El Diccionario de la Real Academia me ha dado la respuesta a una duda que me corroía: ¿qué cojones significa que algo es "señal de borrica florentina"? Frasecita que me encanta como suena, porque combina la supuesta vulgaridad de las borricas con el toque sofisticado de la ciudad de Miguel Ángel. Vamos, como si eso que nos contaban en el cole del Culteranismo y el Conceptismo se uniera en una sola y simple frase.
Era, por lo visto, mi bisabuela, la que acostumbraba a decir esto, según me cuentan, pero nadie podía decirme a qué se aplicaba, cosa que me tenía de lo más frustrada, porque me encanta poder salpicar mi amena conversacion de estupideces y enrevesadas frases hechas, queda una como más culta...
A lo que iba, que yo quería poder decir, por ejemplo, delante de mis jefes, en medio de una conversación enrevesadísima y súper "tésnica" la frasecita de marras, para dejarles con cara de "¿jaaarl?", que siempre hace ilusión. Y claro, si sueltas algo así y no tienes ni puñetera idea de su signficado, alguien puede creerse que estás llamando borrica a su santa madre y tengas que pasarte los próximos cinco meses en el armario de las escobas, aguardando a que pase la tormenta.
Por fin, tras no poder aguantar ya la tensión, decido buscar la expresión en "Internete" y me sale algo así como "acción con la que una persona demuestra la doble intención que lleva". Ah, guay. Osea, que cuando le ves a alguien el plumero, o tiene la frente de cristal o cualquier otra cosilla que se os ocurra, podéis tiraros el moco y soltar las palabrejas de marras.,,
Pero no podréis cantar victoria, porque alguien puede estar, en ese momento, igual que yo hace un rato, buscando en el "google" y os dirá "¿cómo que florentina, so cazurra?".
Y es que es muy triste, pero la frase correcta es "señal de borrica frontina". Yo convencida de que los equinos italianos estaban considerados seres abyectos y engañosos y que había sido la primera en descubrirlo, me entero de que no, que las pobres burras de Florencia están allí, tan tranquilas, rebuznando cada vez que un turista fotografía la cúpula de Santa María de las Flores y que son sus congéneres, las de la manchita blanca en la frente, las que cargan con la mala fama de esconder aviesas intenciones tras sus hocicos peludos. Una pena.
Ahora, para poder soltar mi perla, voy a tener que pasarme varios días mascullando entre dientes "frontinafrontinafrontina". Cuánto esfuerzo para una cosa tan tonta, de verdad...
Sólo falta que, después de todo este paripé, nadie se dé cuenta y pase desapercibida, como tantas otras genialidades mías... Bueno, mías no, de mi bisabuela.
O, a lo mejor (y esto sí que me trae loca - bueno, más loca, que ya sé lo que estáis pensando -) tampoco se dice "más caga un buey que cien golondrinos" cuando tu hermano arregla, en dos minutos, el cable de la luz con el que tú llevabas cinco días trasteando infructuosamente; ni le puedes soltar al que protesta por algo "te hubieras hecho obispo y estarías echando bendiciones"; ni calificar de "pringuezorra" o "pelandusca" a alguna que tú te sabes...
En fin, que podría ser que, mientras tú creías que estabas amenizando la conversación salpicándola de frases ingeniosas, lo que hacías, en realidad, era un ridículo como una catedral y tú tan pichi...
En estos casos, lo mejor es dejar tranquilo internet, hacerte la sueca y no saber cómo se dicen realmente todas estas cosas, porque la rechifla de los compañeros sí que es un estrés y un sinvivir.